Mocha Dick

Mocha Dick

LA BALLENA BLANCA DE LA ISLA MOCHA

En los vastos y misteriosos océanos del mundo, abundan historias fascinantes de criaturas marinas legendarias. Entre estas leyendas, destaca una figura que ha capturado la imaginación de marineros y escritores durante generaciones: Mocha Dick, el infame cachalote blanco.

Mocha Dick se convirtió en una figura emblemática en la mitología marina del siglo XIX. Se dice que vagaba por las aguas del Pacífico Sur, desafiando barcos balleneros con su imponente presencia y astucia. Su nombre, "Mocha", se deriva de la isla chilena de Mocha, donde se avistó por primera vez este misterioso gigante marino.

Este legendario cachalote fue inmortalizado en la obra literaria "Moby Dick" de Herman Melville, aunque el autor optó por un nombre similar y una historia ligeramente diferente para su famoso libro. Sin embargo, la esencia de la historia de Mocha Dick se mantuvo viva a través de las páginas de esta obra maestra de la literatura.

 

La historia real de Mocha Dick está envuelta en misterio y aventura. Según los relatos de la época, este majestuoso cachalote blanco era conocido por su astucia y ferocidad en la caza de ballenas. Se decía que era más grande y más blanco que cualquier otro cachalote conocido, lo que lo convertía en una presa codiciada para los balleneros de la época.

Las expediciones balleneras que se aventuraban en aguas del Pacífico Sur sabían que encontrarse con Mocha Dick era un riesgo que valía la pena. Su leyenda creció con cada encuentro, ya que el cachalote blanco desafiaba a los cazadores y escapaba hábilmente de sus arpones y barcos.

La historia de Mocha Dick no solo ha inspirado obras literarias, sino que también ha dejado una marca indeleble en la cultura marítima y la conciencia ambiental. Su resistencia frente a la caza indiscriminada de ballenas llevó a reflexiones sobre la relación entre la humanidad y la naturaleza, y su legado perdura como un recordatorio de la majestuosidad y la fragilidad de los océanos.

Aunque los detalles precisos sobre la vida y el destino final de Mocha Dick permanecen en la neblina del tiempo, su espíritu continúa navegando en las leyendas marinas, recordándonos la grandeza y el misterio de los océanos y las criaturas que los habitan. En un mundo donde la exploración y la aventura siguen siendo parte de nuestra naturaleza humana, la historia de Mocha Dick permanece como un faro de inspiración y admiración por la vastedad y la maravilla del mundo natural.

Geófitas de Chile

Geófitas de Chile

Explorando la Belleza Subterránea: Geófitas de Chile

Chile, un país conocido por su impresionante diversidad de paisajes, desde desiertos áridos hasta exuberantes bosques templados, también alberga una variedad única de plantas, muchas de las cuales tienen una característica notable: son geofitas. Las geofitas son plantas que almacenan nutrientes en estructuras subterráneas, como bulbos, rizomas o tubérculos, lo que les permite sobrevivir en condiciones adversas y brotar con fuerza cuando llega el momento adecuado. En este artículo, exploraremos algunas de las geofitas más fascinantes que se encuentran en Chile.

1. Alstroemeria pelegrina (Lirio de campo)

El Lirio de campo, también conocido como Alstroemeria pelegrina, es una hermosa geofita endémica de Chile. Sus tallos erguidos sostienen elegantes flores en una gama de colores, desde el blanco puro hasta el púrpura intenso. Esta planta prospera en suelos bien drenados y se puede encontrar en una variedad de hábitats, desde praderas hasta laderas montañosas.

2. Rhodophiala bagnoldii (Copo de leche)

El Copo de leche es otra geofita encantadora que se encuentra en Chile. Sus flores en forma de copa, que pueden ser blancas, rosadas o rojas, emergen en primavera, agregando un toque de color a los paisajes semiáridos. Esta especie es resistente y puede sobrevivir en suelos pobres, lo que la convierte en una planta valiosa para la jardinería de bajo mantenimiento.

3. Chloraea gavilu (Orquídea de Gavilán)

Chile también alberga una variedad de orquídeas geofitas, como la Chloraea gavilu, conocida localmente como Orquídea de Gavilán. Esta planta única crece en hábitats húmedos y sombreados, especialmente en los bosques templados del sur de Chile. Sus delicadas flores blancas o amarillas desprenden un aroma dulce y atraen a polinizadores como mariposas y abejas.

4. Leucocoryne purpurea (Llauque)

El Llauque es una geofita bulbosa que se encuentra principalmente en la región central de Chile. Sus flores en forma de estrella, de un púrpura intenso, emergen en primavera, creando impresionantes alfombras florales en los campos y praderas. Esta planta es apreciada tanto por su belleza como por su resistencia, prosperando en condiciones de sequía y suelos pobres.

5. Calydorea amabilis (Añañuca del norte)

La Añañuca del norte es una geofita que se encuentra en el desierto de Atacama, una de las regiones más áridas del mundo. A pesar de las duras condiciones, esta planta produce flores de un rosa vibrante que contrastan con el paisaje desértico. Su capacidad para sobrevivir en un entorno tan extremo la convierte en una verdadera maravilla de la naturaleza.

Las geofitas de Chile son solo una pequeña muestra de la rica biodiversidad que se encuentra en este país sudamericano. Estas plantas subterráneas no solo son hermosas, sino también vitales para los ecosistemas en los que se encuentran, proporcionando alimento y refugio para una variedad de vida silvestre. La próxima vez que visites Chile, tómate un momento para apreciar la belleza subterránea de sus geofitas. ¡Te sorprenderás de lo que descubrirás bajo la superficie!

Hierba de El Tabo

Hierba de El Tabo

Especie endémica de Chile central. Hasta aquí la planta ha sido registrada en dos localidades, una es el balneario de Las Cruces, comuna de El Tabo, donde ocupa las dunas litorales que se extienden desde esa localidad (33°29’ 34 S-71°38’11W) hasta poco más al norte de la localidad de El Tabito (33°28’08 S-71°39’06 W), con una superficie de unos 2,4 km2 (236 ha) y la otra, el Santuario de la Naturaleza Laguna El Peral, 3,7 km al sur de Las Cruces cuya área con suelo arenoso, apropiado para la especie, no ocupa más de 5 ha (33°30’18 S-71°36’25 W). No se encontró en Algarrobo, es posible que el tipo de la especie se haya recolectado en el área donde actualmente existe.

PREFERENCIAS DE HÁBITAT

Por los antecedentes bibliográficos (Johnston 1947), los datos en las etiquetas de algunas colecciones antiguas y las prospecciones aquí descritas, se concluye que esta especie crece sólo en ambientes de dunas consolidadas, pero cercanas al mar. La estimación de la superficie de ocupación es casi la misma que la del área de extensión de la presencia, es decir, unas 236 ha (2,34 km2 ) en Las Cruces y unas 5 ha en la laguna El Peral.

TAMAÑO POBLACIONAL ESTIMADO, ABUNDANCIA RELATIVA, ESTRUCTURA Y DINÁMICA POBLACIONAL En el sector de las dunas de Las Cruces crece una centena de ejemplares (Comunicación Personal S Teillier), pero no se ha realizado un inventario completo de la presencia de la especie. También se desconocen los datos sobre el tamaño de la población en el Santuario de la Naturaleza Laguna El Peral, pero a juzgar por el tamaño de la superficie, el número de individuos debe ser mucho menor que en las dunas de Las Cruces. Se desconoce la dinámica poblacional de esta especie.

 

Si bien la especie no tiene un uso directo, la principal amenaza actual son las actividades que se desarrollan en las dunas de Las Cruces. Ya existen en ella instalaciones industriales, caminos y senderos donde se practica motociclismo el que altera la estructura de las dunas y afecta directamente a las plantas, además hay varios esfuerzos de forestación con árboles exóticos (ej. pinos insignes y eucaliptus) lo que afecta gravemente a las plantas al privarlas de luz.

En la reunión del 26 de octubre de 2017, consignada en el Acta Sesión Nº 03, el Comité de Clasificación establece: Astragalus trifoliatus Phil. (Linnaea 28: 681.1856), “garbancillo” (nombre genérico) Hierba perenne. Tallos tendidos, uno o varios por cada planta, blanco-lanosos, de 5-20 cm de longitud. Hojas formadas por tres folíolos, estos, densamente seríceo-pilosos; folíolos subromboidales; estípulas anchamente triangulares, membranosas, más o menos unidas en una vaina amplexicaule. Flores en racimos cortos, brácteas más largas que los pedicelos. Especie endémica de Chile central. Esta planta ha sido registrada en dos puntos, uno es el balneario de Las Cruces, comuna de El Tabo, donde ocupa las dunas litorales que se extienden desde esa localidad (33°29’ 34 S-71°38’11W) hasta poco más al norte de la localidad de El Tabito (33°28’08 S71°39’06 W), con una superficie de unos 2,4 km2 (236 ha) y el otro, el Santuario de la Naturaleza Laguna El Peral, 3,7 km al sur de Las Cruces cuya área con suelo arenoso, apropiado para la especie, no ocupa más de 5 ha. Ambos puntos se consideran una sola localidad, ya que, por ejemplo, un cambio en el Plan Regulador Comunal podría hacer desaparecer todos los individuos presentes por un desarrollo inmobiliario. El Comité acuerda que de utilizar los criterios “A”, “C”, “D” y “E” su categoría, dentro de nuestro país, sería Datos Insuficientes (DD). Respecto al criterio “B” sobre superficies, número de localidades y disminución de calidad de hábitat, la información disponible permite concluir que las poblaciones en Chile de esta especie podrían satisfacer los criterios para la categoría En Peligro Crítico, ya que se cumplen los umbrales tanto para Extensión de Presencia como de Área de Ocupación.

Frutilla Nativa kelleñ

Frutilla Nativa kelleñ

“La historia de la frutilla blanca: un viaje desde Chile hasta Europa

La historia del origen de la fresa que conocemos hoy es fascinante, ya que no ocurrió de manera natural. La fresa roja carnosa es un híbrido de dos especies: Fragaria virginiana y Fragaria chiloensis. A principios del siglo XVIII, un curioso francés llegó a Chile en una misión encomendada por el rey Luis XIV. Amedée François Frézier, interesado en la flora y fauna nativa de Chile, se topó con una especie que llamó su atención: una variedad pálida de fresa que los mapuches cultivaban y conocían como kelleñ en mapudungun.

En su exitoso libro titulado "Viajes por los mares del sur", Frézier describió la fresa como "Fragaria chiliensis, fructu maximo, foliis carnosis hirsutis, vulgo frutilla". Lo que más le sorprendió fue el tamaño enorme de los frutos en comparación con las fresas europeas conocidas. La intención de Frézier era cultivarla, pero sus primeros intentos fracasaron, ya que desconocía que las plantas de fresa tenían sexos separados: solo las plantas femeninas producían frutos. Por lo tanto, lo que Frézier llevó a Francia eran solo plantas femeninas con frutos. La fresa chilena se propagó por gran parte de Europa gracias a su reproducción por esquejes, adaptándose mejor en climas costeros.

A partir de 1740, botánicos del Reino Unido informaron haber obtenido frutos de las plantas chilenas, pero de tamaño menor al descrito por el francés y con un sabor no muy bueno.

En 1764, Antoine Nicolas Duchesne, un joven naturalista, descubrió que todas las plantas de fresa llevadas a Europa eran femeninas y que sus estambres atrofiados no producían polen. A Duchesne se le ocurrió, debido a la similitud entre las plantas, hacer crecer fresas chilenas y Fragaria muschata en maceteros cercanos. Tuvo éxito: la fruta resultante era una belleza extraordinaria, homogénea, roja y aromática. Sin embargo, la gran decepción fue que las semillas de este cruce no producían plantas. No obstante, sus experimentos continuaron; esta vez cruzó la fresa chilena con Fragaria virginiana, una especie de América del Norte. Este cruce fue un éxito: el fruto era de gran tamaño, rojo, de buen sabor y además producía semillas viables. Así nació en 1765 el primer híbrido fértil derivado de la fresa chilena, bautizado por Duchesne como "Frutilla Piña" o Fragaria X ananassa. Era una planta hermafrodita perfecta, lo que significaba que podía polinizarse sin necesidad de cultivarla cerca de otra especie. A partir de este punto, el mejoramiento genético posterior ha permitido crear las diferentes variedades de fresas comerciales, todas derivadas de la fresa chilena.

Referencia: Gabriel León. 2017. La ciencia pop. Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.

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